25/7/11

LA CHOLA

Hoy me apetece divagar un tanto sobre la palabra chola.

Si la buscan en el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española, observarán que sólo aparecen dos acepciones:

1. f. coloq. Cabeza (y por extensión, entendimiento, juicio)

2. adj. Am. Mestiza de sangre europea e indígena (masculino, cholo).


















Pero para nosotros, los canarios, chola, es un tipo de calzado ligero,   playero incluso; lo que en otras latitudes se conoce como chancleta. Aunque, hurgando en la Red, he visto que en Venezuela se denomina así al pedal del acelerador de los automóviles. Tiene mucha lógica, porque es ahí donde se apoya la chola, dando pie también a la frase "dar chola" para apresurar la ejecución de algo.

En las islas es bastante frecuente decir "está como una chola" para significar que alguien no está bien de la cabeza. Pero lo que me ha dado pie para escribir esta entrada, ha sido el recuerdo de una anécdota contada por mi amigo Tono, relativa a los años de la infancia. Todos los que pasamos ya de la cincuentena recordaremos (unos más y otros menos) aquellos cholazos que daban nuestras madres cuando nos portábamos mal o no obedecíamos sus directrices. La chola era un arma temible en las manos maternas, sobre todo si la cegaba la cólera y terminaba arreándote por donde te trancara.


Pues Tono contaba que no había forma humana de escapar de la chola, porque por mucho que intentara huir, siempre recibía su ración de cholazos.

- Mi madre -decía él- en aquellos tiempos, ya tenía una chola ¡teledirigida!... y es que, aunque echaras a correr o hicieras mil quiebros en la huida, ella la lanzaba tras de ti y siempre... siempre, te acertaba.

Miguel Ángel G. Yanes

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