5/6/11

LA MODORRA

La palabra modorra posee, en castellano, diversos significados, uno de los cuales se refiere específicamente a un extraño mal o fatal somnolencia que, en tiempos de la conquista, afectó y diezmó a gran parte de la población nativa de la isla de Tenerife en las postrimerías del siglo XV.


El escritor canario José de Viera y Clavijo, apunta a que dicha enfermedad pudo tener su origen en la putrefacción de los cadáveres insepultos y la consiguiente contaminación de las aguas superficiales, tras librarse una gran batalla en la comarca de Aguere entre los guanches y los conquistadores; otros opinan, como es el caso del profesor Alejandro Cioranescu, que la susodicha modorra vino a ser una epidemia de tabardillo (enfermedad parecida al tifus, con fiebre alta y continua, alteraciones nerviosas y sanguíneas, y una erupción que cubre todo el cuerpo). Aunque hay quiénes hablan de un proceso depresivo entre la población, al ser sometidos por los invasores y verse privados de su libertad, y con ella, de tierras, religión y cultura. No parece lógico que este fuera el origen de la enfermedad sino que, por el contrario, la repentina aparición de una epidemia para la que no conocían remedio alguno, acrecentara aún más su desmoralización por haber sido colonizados: "presos de rabia y dolor".


Fue tal su impacto que, según fray Alonso de Espinoza y Antonio de Viana (cronistas que narraron la conquista de Tenerife), “morían a centenares andando, abandonados por los caminos a la avidez de los perros…”, llegando al extremo de perder su ejército “…en menos de diez días murieron más de seis mil hombres”. Es muy probable que este desastre abocara a los menceyes guanches a la rendición ante las tropas comandadas por Alonso Fernández de Lugo, a finales de julio de 1496, en lo que fue conocida como paz de Los Realejos. La situación de los guanches ante aquella maldición que atribuían a los conquistadores (y tenían razones para ello, pues pudo tratarse de algún virus que portaban y contra el que los aborígenes carecían de defensas) debió ser desesperante, obligando, a los que aún podían valerse por si mismos, a huir y buscar refugio en las montañas. Hay, al respecto, una interesantísima cita de Viera y Clavijo que dice: "sospecho si existió una epidemia hasta entonces desconocida para los indígenas, ¿no puede ser el tifus exantemático que traerían los españoles, por su parte ya inmunizados". Pero los historiadores hacen mención a una extraña curiosidad: la enfermedad no atacó a la población conquistadora, pero tampoco a la isleña de los bandos sureños o "de paces" (los que habían pactado con los invasores); tan solo afectó a los reinos guanches de los "bandos de guerra", aquellos que se habían enfrentado a los castellanos.

En su libro “El enigma de la modorra”, Conrado Rodríguez-Martín y Justo Pedro Hernández González, hacen un exhaustivo análisis sobre las posibles enfermedades que pudieron diezmar a los guanches de Tenerife, llegando a la conclusión de que fue una gripe. Pero... ¿qué tipo de gripe podría haber causado una mortalidad tan elevada?; ¿por qué no la sufrieron los guanches que se aliaron con los conquistadores?; ¿por qué la epidemia no se extendió tampoco entre los aborígenes de las demás islas? ¿Conocían ya algún remedio contra ella? ¿Habría algún alimento o preparado que evitara contraer la enfermedad?

En el fondo da igual la enfermedad que fuera: tabardillo, tifus, gripe, fiebres malignas, peste... ya no tiene remedio; lo único claro es que contribuyó a sojuzgar a un pueblo libre y soberano.


Pero... ¡ojo! No vayamos a dejarnos inocular ahora la modorra social, cultural, globalizadora, tan en boga en los tiempos modernos. Sacudámonos esa estúpida somnolencia, esa nueva "Maldición de Malinche" que pretende hacernos más esclavos aún de lo que somos.

Miguel Ángel G. Yanes

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