5/5/11

MANOLO CORREA "EL GOMERO"


En los últimos tiempos, un crescendo de óbitos de amigos, vecinos o conocidos, aún en la línea de la cincuentena o poco más, me zarandea sin cesar. Cada vez conozco a más gente en “esas fotos”. Sé que, paso a paso, mi tiempo se agota también inexorablemente, pero aunque lo asumo con lógica resignación, no puedo evitar un estremecimiento cada vez que un amigo aparece en las páginas necrológicas de la prensa. Todas las mañanas, en la barra del bar de costumbre, mientra consumo la diaria ración de cafeína, suelo ojear de ”pa a pe” el periódico local. Lo digo así porque, como la mayoría, comienzo siempre por el final para acabar llegando a la portada (lástima que no podamos hacer lo mismo con la vida) pero haciendo siempre una rigurosa escala en las esquelas.

 

Y esto me ha dado pie, antes de que esa ruleta se pare en mi casilla, para rendir un pequeño homenaje a quienes en los últimos tiempos se han marchado sin más: Carlos Bethencourt, Francis "Corleone", Reyes, Zezé, Manolo "El Gomero", ... y así un largo etcétera. Todos aquellos a los que el viento de la vida se llevó por delante, y que, desprendidos de esa carcasa de piel y huesos que nos sirve de soporte y amparo, dejaron atrás su afecto y su recuerdo. Y de entre todos ellos, siguiendo las directrices de aquel avatar de la divinidad que vino a decir, entre otras cosas, que los últimos serían los primeros, quiero hacerlo en principio con el último: Manolo Correa, alias "El Gomero".


Nos conocimos allá por los años 70 cuando él trabajaba para el bueno de Don Manuel en Deportes Lovero. Recuerdo el disgusto que se llevó el hombre cuando, años más tarde, Manolo decidió abandonar la seguridad de su empleo e irse a trabajar por cuenta propia. Y cómo, cuando se enteró de que las cosas le rodaban mal, lo llamó y le inisitió hasta la saciedad para que volviera, pero Manolo, que lo que tenía de buena persona lo tenía también de empecinado, nunca volvió.


En aquella época ya teníamos amigos comunes: Rafa Aguilar, Mele "El Cartucho", Josemari Trujillo, Paco “El Ménimo”. Y aunque no recuerdo quién nos presentó, mi memoria aún retiene la imagen de la primera vez que nos vimos: Barrio del Perú, tarde de verano, ropa de domingo, pantalón de campana, sweter minipull, zapatos de tacón cubano... Hubo siempre entre ambos una mutua empatía; a él le encantaba el boxeo, y a mí la afición me venía por herencia de mi abuelo paterno que, habiendo sido boxeador en sus años mozos, conservaba intacto su apego al deporte de las doce cuerdas. Crecí, por tanto, rodeado de revistas de boxeo y conocía de memoria los nombres de los grandes campeones de todos los tiempos.


Manolo y yo coincidíamos bastante en cuanto a preferencias pugilísticas. Admirábamos a Sugar Ray Robinson, Cassius Clay, Laszlo Papp, Carlos Monzón, Miguel Velázquez, Fred Galiana, Juan Albornoz “Sombrita” y Pepe Legrá, con quien le unía una buena amistad, ya que, habían coincidido en la Sala Price, pues Manolo, aunque amateur, también fue boxeador. Sé por Paco “El Ménimo” (residente en Madrid como Pepe) que se ven amenudo y que siempre le pregunta por él. Qué disgusto se llevará la próxima vez que se tropiecen, cuando le diga que ha fallecido.




Hace unos años a Manolo le detectaron un cáncer testicular. Lo operaron, le dieron radioterapia y consiguió salir adelante, pero el maldito cangrejo no se había marchado, estaba agazapado esperando el momento propicio y… ¡atacó de nuevo! Fue una metástasis fulminante.



Cuando supe por mi propia mujer que estaba ingresado en estado terminal en algún centro hospitalario (no sabía en cuál) me dediqué a buscarlo, pero (lo que son las cosas) como toda la vida lo conocí por Manolo Correa, mi búsqueda resultó infructuosa. Pero, de repente, una lejana bombilla se encendió en mi cabeza: ¡Josemari Trujillo! Eran amigos íntimos y seguro que él sabría dónde estaba. Pero no tuve suerte; no logré contactar con él. Mi última baza fue llamar a su hermana Macu que, apenas con un hilo de voz, se atrevió adecirme que, a Manolo, hacía una semana que lo habían enterrado.

Su nombre completo era Expedito Manuel Ángel Gámez Correa. Con razón no lograban encontrarlo, ni filtrando las bases de datos por el nombre ni por el primer apellido. Creo que a mí me ocurrirá tres cuartos de lo mismo, ya que, todos me conocen por Yanes o Migue, simplemente.



Me enteré por Tasito, propietario del bar donde a diario acudo al café matutino (y a la sazón, vecino de Manolo) de que, el día que ingresaba en el hospital, le pidió que le guardara su álbum de fotografías, pensando, supongo, que nunca volvería, y que estaría más seguro allí que en su propia casa. Creo que acertó. Hoy me lo he subido al piso y estoy en la labor de escanear sus fotos, algunas de las cuales voy a colgar aquí:











Miguel Ángel G. Yanes

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