30/3/10

COSAS VEREDES

No salgo de mi asombro, al leer en la prensa que el Sr. Zerolo y sus acólitos, llevan a los tribunales el acuerdo plenario donde se aprobó el derribo del "Mamotreto", "Mamatrato" o "Mamotreta" (como ustedes quieran) con la intención, supongo, de seguir adelante con la obra; llevándole la contraria al sentir popular, sobre todos a los vecinos de San Andrés que están, con ese asunto, que se suben por las paredes.


Suelo frecuentar el antiguo pueblo pesquero, hoy barrio capitalino, con relativa frecuencia, pero cada vez que llegó a la altura del castillo, y el maldito adefesio aquel me oculta la vista de la playa, se me escapa una sarta de improperios y palabrotas que, por más que me empeño, no consigo atajar (los que me conocen lo saben bien).

Cuando por fin consigo desahogarme; intento razonar conmigo mismo, sobre el perjuicio económico que supondría su demolición: en primer lugar para el constructor, que salpicado o no, por esas gruesas gotas que tan de moda están, ha hecho un desembolso económico que necesita recuperar de alguna forma, y en segundo lugar para las arcas muni... bueno, para nuestros desgarrados bolsillos. Y entonces se me ocurre, que a quiénes tendríamos que obligar a sufragar tal gasto, debería ser a los que aprobaron tamaño despropósito, y no a los paganinis de siempre.


De todas formas y sea como sea, la mayoría de los ciudadanos están a favor de su demolición, aunque nos arranquen las últimas hebras de los bolsillos, pero unos pocos, "los hombres grises", siguen estando en contra... en contra de los intereses generales y favor de los suyos... ¡Inadmisible!

Señores: llegados a este punto, ya no me queda nada más por decir, salvo la coletilla de rigor, aquella de que "los pueblos tienen los gobiernos que se merecen".

Miguel Ángel G. Yanes

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