26/2/10

TABAIBA DESPUÉS DEL TEMPORAL


Estuve personalmente allí, en el edificio El Moro, tres días después del temporal, con Paco Brito y Miguel Ángel Guerrero. Hablamos con algunos vecinos y con el presidente de la comunidad de dicho edificio. Pero quien nos dejó bien claro lo que había sucedido, fue una señora de unos 60 años que, según nos explicó, llevaba 40 viviendo en ese mismo sitio. Según ella, el problema no lo provocó el agua en si, sino los escombros que quedaron de la ampliación de la autopista (el famoso tercer carril) que, al ser arrastrados ladera abajo, taponaron los pocos cauces habilitados, por lo que el agua buscó camino por donde pudo. Nos indicó que en esos 40 años, ha llovido de forma torrencial en tres o cuatro ocasiones, y ni siquiera cuando el famoso temporal del 31 de marzo de 2002, ocurrió nada parecido, porque en ese momento los cauces estaban despejados. Para más inri, un contenedor de vidrio, quedó encajonado por la fuerza del agua, en el arco de hormigón, al principio de la escalera que lleva a la playa, por lo que el caudal, al desviarse, entró a saco en las viviendas.


Si se fijan en la fotografía superior, verán una enorme cascada a la izquierda del edificio; esa es la salida natural del agua al descender por la escalera; la que sale por los balcones es la que desviaron los escombros y el contenedor reseñado.

El presidente de la comunidad también nos dijo que había estado allí la ministra, acompañada de los "canchanchanes" de turno, para ver el desaguisado, y como anécdota, nos comentó que los zapatos le habían quedado inservibles; y eso que no llegó a bajar a las viviendas, pues aunque estaba decidida a hacerlo, "aquéllos" pensaron que era demasiado peligroso y no lo permitieron.


Daba verdadera lástima contemplar todos los enseres de los vecinos, cubiertos de barro, totalmente inservibles, apilados en aquella escalera: colchones, muebles, electrodomésticos... ¡Un desastre!

Pudimos ver el interior de una de las viviendas; la marca del barro en las paredes alcanzaba casi un metro de altura. Y oyendo el relato de algunas personas, de cómo el agua los arrastró hasta el balcón, es increíble que no se ahogara nadie.


Volvemos a lo que de siempre: la necesidad de respetar el cauce natural de los barrancos. ¡Joder! Si la naturaleza los ha excavado de esas dimensiones durante miles de años, es que tarde o temprano los va a necesitar; pero claro, vienen los listos de turno con sus titulitos debajo del brazo, haciendo oídos sordos a quienes de verdad conocen el asunto, colocan unos "tubos de mierda", y lían la que lían.

Miguel Ángel G. Yanes

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