28/2/10

EL MIRLO DE LA CABEZA BLANCA

Toda la vida he oído decir, cuando se trataba de alguien con unas cualidades únicas, que era "un mirlo blanco", como paradigma de rareza, de algo prácticamente imposible de ver, ya que, al parecer, no existe esa capa de color en tal ave. Por eso me he decidido a escribir sobre el asunto.

Por la Plaza de la Cruz del Señor, aquí en Santa Cruz de Tenerife, revoltea desde hace algún tiempo un curioso pájaro. Se me hace difícil de aceptar pero... yo, desde mi ignorancia ornitológica, diría que es un híbrido de mirlo. No sé con que otra especie puede haberse cruzado, pero obviando el color de su blanca cabeza y unas plumas, también blancas, en el borde de las alas, es exactamente igual al resto de los mirlos, en cuanto a su tamaño y al color de las patas y el pico. Es más, se mueve con ellos.


Que conste que, a pesar de mi desconocimiento científico sobre el mundo de las aves, a estos pájaros los conozco bien, habida cuenta de que, al no tener ningún tipo de enemigos, se han multiplicado de tal manera que se les puede ver prácticamente a cualquier hora y en cualquier lugar, sobre todo en parques y jardines.


El mirlo es un pájaro de tamaño mediano, inquieto y ruidoso, lanza una serie de discordantes chasquidos que contrastan con su armonioso canto, que suele emitir situándose en la atalaya más alta que encuentre, ya sea la copa de un ciprés, de un pino o una antena de televisión. Macho y hembra se diferencian en el plumaje; mientras que el del macho es negro brillante, el de la hembra es pardo y apagado, también en el color del pico, anaranjado en el macho y parduzco en la hembra. Al observar sus ojos, oscuros, vivarachos, rodeados también por un aro naranja, se me antoja que son bastante listos.

Una curiosidad sobre ellos: En alguna ocasión me han sobresaltado, porque al contrario que otros pájaros, que caminan dando pequeños y pausados saltos, los mirlos son tan rápidos que parecen que corrieran, y más de una vez, cuando alguno ha salido a escape de entre la hojarasca, he creído que se trataba de una rata.



El contacto con los seres humanos los ha desinhibido de su ancestral recelo, y hoy por hoy, campan a sus anchas en las ciudades. Se han adaptado por completo al entorno y forman parte, junto con tórtolas, palomas, gorriones, y algún que otro canario, de lo que podríamos denominar la fauna urbana.

La primera vez que vi a ese pájaro de la cabeza blanca, se hallaba posado en la rama de un laurel de indias, y en una de esas asociaciones inconscientes, un fogonazo de la memoria me trajo, de repente, la última escena de la película La Mosca, dirigida por Kurt Neumann en 1958; aquélla en la que el niño se acerca a una tela de araña donde un insecto se debate infructuosamente, y dice: "Mira, una mosca con la cabeza blanca", sin percatarse de que era un híbrido de díptero y humano, a punto de ser sacrificado por los quelíceros terribles del arácnido.



A todas estas, volviendo sobre el pájaro de marras, ruego que, si no se trata de un mirlo, disculpen el rollo que les he endilgado, pero apelo a quien tenga conocimientos sobre el tema, para que me saque de la duda.

Bueno... y ahora que lo pienso... Si en realidad es un mirlo de cabeza blanca ¿no podríamos proponerlo para presidente de gobierno?

Miguel Ángel G. Yanes

No hay comentarios:

Publicar un comentario