1/10/09

TONTO LO JUSTO

Afortunadamente en Canarias no existen guindos (árbol de la familia de las Rosáceas, especie de cerezo, del que puede distinguirse por ser las hojas más pequeñas y el fruto más redondo y comúnmente ácido)

Que conste que no lo digo porque no me gusten las guindas. Me encantan. Incluso el árbol en sí tiene un porte exquisito. Sobre todo cuando se encuentra en flor, es una maravilla para los sentidos.



Lo digo por la sencilla razón de que, si aquí hubiera guindos, tal vez me habría caído de uno sin darme cuenta. Ésa, al menos, es la sensación que percibo. Como si determinadas personas estuvieran convencidas de que me caí de alguno; cuando son ellas las que se pasan la vida columpiándose como si fueran micos, hartándose a reventar en las alturas y tirándonos luego sus desperdicios.

La verdad es que pesan demasiado, en mi ánimo y mi carácter, tantos años de vida laboral. Me doy perfecta cuenta de que estoy envejeciendo y, francamente, ya no estoy por la labor de aguantarle “miconadas”… digo… mariconadas ¡a nadie!

Tonto lo justo, no más.

Miguel Ángel G. Yanes

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