28/9/09

LA MIRADA DEL ORANGUTÁN



Ahora que ha muerto Copito de Nieve, y que conste que no me parece excesiva, como apuntan algunos, la difusión que se ha dado a la noticia, pues no en vano era el único ejemplar de gorila albino que se ha conocido en el mundo, amén de haber sido un referente importantísimo de la ciudad condal. Es más, me ha parecido un acto de caridad tremendo el hecho de que le hayan practicado la eutanasia para evitarle los terribles dolores que, al parecer, sufría. Y me decanto también a favor de los que se oponen a que se le diseque o mucho menos que se le clone. Creo que merece un respeto.

Ahora que ha muerto, repito, y al remirar unas viejas fotos de su juventud, observando la intensidad de su mirada, aquellos ojos claros y penetrantes, la indiferencia con que parecía observar a los humanos; me viene a la memoria la mirada de otro primate y el profundo impacto que me causó entonces.

Fue hace bastantes años, veinte quizás, cuando por primera vez visité el zoo madrileño. Allí había también un ejemplar emblemático de la Villa y Corte que, aunque sin la excepcional singularidad del gorila, tenía el “privilegio” de ser el primer oso panda nacido en cautividad: Chu-Lin, tempranamente desaparecido a los 13 años de edad, cuando al parecer, pueden alcanzar sin problema el doble de la misma. Era un cachorro encantador (como todos los cachorros de los mamíferos) y hacía las delicias, sobre todo de los niños, que lo veían como un peluche bicolor con vida propia. Pero a pesar de su atractivo, no es de él de quien guardo el recuerdo más impactante de esa visita.

No sé si aún la zona dedica a los simios, en el zoo de Madrid, sigue estructurada de la misma forma. En aquella época, las jaulas de los “grandes monos” tenían rejas por un costado y un cristal blindado por el otro. Fue allí donde hallé a un viejo orangután, de pelaje naranja y encrespado que, apoyado en el cristal, reposando la cabeza sobre el antebrazo, en un gesto tremendamente humano, miraba hacia sus pies sin prestarnos la menor atención.


No pude remediarlo. Cerré el puño y golpee con suavidad la pared transparente que nos separaba. Elevó la cabeza unos centímetros y… una mirada de tristeza infinita me taladró hasta el fondo del alma.

¡Dios mío!… Si fuera yo quien hubiera caído en manos de otros seres que no pudieran entenderme de ningún modo (vamos a obviar los signos de escritura y dibujo, suponiendo que no los conociera) posiblemente estaría ocupando su lugar en una jaula. Por un instante me sentí identificado por completo con aquel prisionero.



Entendí entonces el porqué del desdén que Copito manifestó siempre hacia el público. Yo también les habría dado la espalda durante todo el tiempo que me fuera posible.

Apariencias aparte, apenas nos separan unos pocos genes, unos cuantos giros de la evolución y la huella de las culturas subsiguientes. Por ello veo necesario que reconsideremos nuestra postura hacia los grandes simios y dejemos de condenarlos a cadenas perpetuas que no merecen en absoluto.

Por muy grandes y cómodas que las celdas sean, las cárceles nunca dejarán de ser cárceles.

¿Cuál ha sido su crimen?

¿Y el nuestro?

Miguel Ángel G. Yanes

21/9/09

QUÉ PREGUNTA...

Hacía tiempo que nadie me atravesaba el pie de una manera tan descarada, y es que la pregunta tenía su enjundia:

- ¡Papi! En esencia, los seres humanos ¿qué somos?

- ¡Jo! La hora que es y el recado que traes. Qué complicado me lo pones. Pero…mmm… te lo voy a decir:

Somos esa fuerza, esa energía que asoma a nuestros ojos. Eso somos.



- … ¿Y los ciegos?

Miguel Ángel G. Yanes

20/9/09

¡CARAMBA!, ESTA CIUDAD ESTÁ LLENA DE "SETAS"




Qué variedad de "setas". Las hay de todos los tamaños, texturas y colores; adornan parques, jardines, parterres, pocetas, terraplenes, pero sobre todo alfombran las aceras, de tal forma que hay que ir saltando a la pata coja para no pisarlas: una especie de juego del tejo para todos los públicos.

Es todo un espectáculo cuando alguien pisa alguna, y un "enervante aroma" se eleva y lo convence de que se va a sacar el primer premio en algún juego de azar, a poco que se lo proponga.

También es increíble ver cómo, si se pisa una "seta" chaparra y poco consistente, sirve de clase gratuita de patinaje artístico e incluso de ballet, consiguiendo, a veces, hacer un "spagat" en el primer intento.

¡Ah! ¿Que no son setas?: Deposiciones, porquería, excrementos, heces, deyecciones, caca... Bueno, dejémonos de eufemismos y empleemos el término correcto, el que se nos viene a la boca cuando nos cabreamos: ¡mierda! ¡Sí!, ¡mierda!, ¡mierda de perros!

Pido al ayuntamiento mano dura con los incívicos que no recogen la de sus propias mascotas. Al parecer, hasta que no se les apriete el bolsillo, no se decidirán a agachar el lomo como hacemos algunos/as y, cogiendo una bolsa, un papel, o cualquier otro artilugio, retirar de la vía pública lo que, con toda seguridad, retiran de sus propios hogares.

Miguel Ángel G. Yanes
15/06/08

17/9/09

HOMENAJE PÓSTUMO A MANUEL PICÓN

Escribo desde la isla de Tenerife.

Me he enterado, a través de la página web de Rafael Amor, que para el próximo 29 de septiembre de 2004 a las 20 h. está previsto celebrar, en la Casa de América en Madrid, un homenaje póstumo a Manuel Picón, cuando se cumplen 11 años de su desaparición de este universo físico, que no del de la memoria, pues sigue entre nosotros agitando recuerdos con su voz y su música.

 
En dicho evento actuarán: Olga Manzano (su mitad en este lado de la realidad) y diversos cantautores, amigos y poetas de la talla del propio Rafael Amor (Argentina), Numas Moraes (Uruguay), Pablo Guerrero (España), Quintín Cabrera (Uruguay) y Luis Pastor (España) entre otros; todos ellos de la mano de Fernando Lucini que será el encargado de la presentación.

Tuve la inmensa fortuna de conocer a Olga y a Manuel a principio de los años 80. Fue a través de mi amiga Maca, quien mantenía una cordial amistad con ellos, hasta el punto de que, cuando actuaban en la Isla, era ella quien solía quedar al cuidado de sus hijos.


Me viene a la memoria, con total nitidez, la primera vez que los escuché en directo. Fue en el Teatro Guimerá, la entrada era gratuita y sin embargo, por mor del desconocimiento, los asistentes apenas llegábamos a la docena. Así y todo, cantaron poniendo el alma en cada tema, y no sólo eso, sino que al finalizar la actuación, descendieron al patio de butacas estableciendo con todos nosotros un diálogo distendido y ameno. Años más tarde sería prácticamente imposible encontrar una localidad para sus actuaciones, a no ser que se hubiera comprado con bastante antelación, lo que da una idea de su calidad y de su continua progresión.


Recuerdo a Manuel Picón como un personaje encantador, de mirada profunda y luminosa, trato afable, prudente siempre (cuando viajábamos en coche nos solía rogar que no superáramos los 90 km. por hora) y, por supuesto, un profesional como la copa de un pino, con una magia de aves canoras en la voz.  


Gracias a él, que adaptó y musicalizó muchos poemas de Pablo Neruda, los jóvenes de entonces entramos de lleno en el mágico universo de su poesía que, para mí, hasta esa fecha se circunscribía a “20 poemas de amor y una canción desesperada”, “Las piedras del cielo” y poco más.


De los múltiples trabajos de Olga y Manuel, mi preferido es indiscutiblemente “Los versos del Capitán”. Hay temas de este disco que continúan a mi lado después de tantos años; siguen sonando en el cassette del coche, en el ordenador de casa, e incluso, a veces, tarareo, entre dientes, sus estrofas:


“Amor mío, si vieras / si vieras que de pronto / mi sangre cae y mancha / las piedras de la calle, /
ríe, porque tu risa / será para mis manos / como una espada fresca / en las horas oscuras.

…niégame el pan, el aire, / la luz, la primavera, / pero tu risa nunca / porque me moriría.”

Aunque también otros discos suyos anidan aún en mi colección de vinilos: “Fulgor y muerte de Joaquín Murieta”, “Papá Bolero”, "Te quiero al alba"…



Me queda el desconsuelo de no poder asistir a ese homenaje, y a fe que me gustaría, pero mis obligaciones laborales me lo impiden. No obstante dejo la reseña para quien quiera o pueda hacerlo.

Miguel Ángel G. Yanes

10/9/09

UNA HISTORIA ALTERNATIVA

En esta ciudad nuestra ocurren cosas realmente extrañas. Tiempo ha, el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife colocó un rótulo en la fachada de la casa parroquial de la Iglesia de la Concepción, en concreto en la esquina que da al Barranco de Santos y a la calle Bravo Murillo, que rezaba "Charco de la Casona", dando nombre así a la vía que discurre paralela a la margen izquierda del barranco. No sé si retirada por las autoridades municipales, escamoteada por amigos de lo ajeno o coleccionistas sin escrúpulos, la cuestión es que la mencionada placa ha desaparecido.





Está históricamente documentada la existencia de una casona, aunque no tengo muy claro si mandada a erigir o comprada y luego reformada por el Adelantado D. Alonso Fernández de Lugo, a principios del siglo XVI, a orillas de un charco cercano a la desembocadura del barranco.

Hace más de cuarenta años, mi abuelo paterno, que se había criado en aquellos lares, me relató una historia alternativa bastante curiosa. Según él, existía, aún en los albores del siglo XX, un charco permanente en el cauce del barranco, entre el antiguo Hospital Civil y la Iglesia de la Concepción, donde las mujeres de la zona acudían a lavar la ropa, y los chicos a bañarse cuando hacía buen tiempo. A dicho charco, que tenía comunicación con la mar, solían acceder con la subida de la marea, peces de distinto tamaño, que los lugareños se afanaban en atrapar.


Cierto día se coló un cazón, y un grupo de muchachos logró acorralarlo contra la orilla, pero una de las lavanderas que había observado toda la maniobra, los apartó a empellones alegando que ella lo había visto primero. Se acercó resueltamente, le echó mano y logró cogerlo por la cola, instante en que el animal, al verse atrapado, giró la cabeza hacia atrás y le asestó tal mordisco en el brazo, que no tuvo más remedio que soltarlo, con lo que, aprovechando la confusión, el cazón huyó a toda pastilla.

Los chicos se desternillaron de la risa y, a partir de ese lance, la apodaron "La Cazona" y por extensión lo de "Charco de La Cazona".

Nuestro seseo permite perfectamente la viabilidad de la historia.

Miguel Ángel G. Yanes

4/9/09

HA MUERTO “LA OFICINA”

Cuando uno regresa de algún viaje más allá de las lindes de este piélago que rodea las islas, para bien o para mal, siempre encuentra algún cambio. En este verano del 2009 ha sido para mal, al menos para mi espíritu y para las costas, cada día más frágiles de mi memoria. Advierto con desazón, al paso por la calle de Los Bolos, que ha muerto “La Oficina”. Ante mis atónitos ojos, las palas mecánicas, aún ávidas, devoran los restos de lo que otrora fuera un santuario del vino y de la poesía, un referente incuestionable de las noches laguneras. Pero… ¿quién ha permitido tamaño desatino?


La primera vez que me adentré en aquel templo mágico, contaba apenas 13 ó 14 años (hablo de finales de los 60); fue ya de recalada, con la noche a la espalda y después una intensa jornada en San Diego del Monte celebrando, como era de rigor, la fuga estudiantil de aquel curso incipiente. Tanto me impactó su ambiente, su aroma, su estampa de otra época, que al llegar a casa se lo comenté a mi abuelo. !Qué sitio! le dije ¡una bodega increíble! sin caer en la cuenta de que él era un lagunero de pro, quiero decir honrado y honesto como corresponde a los pobres, no porque fuera una persona importante o de prestigio, y que conocía “La Oficina” desde sus albores, allá por la década de los 40.


Años más tarde, acudí alguna que otra vez acompañando a mi amigo el afamado folclorista y etnólogo Juan López Izquierdo, quien, según creo recordar, había hecho la mili en los pagos laguneros con Ramón Mario Herrera Correa, actual propietario de ”La Oficina” que la heredó de su padre Don Ramón Herrera Amaya (q.e.p.d.). Y en alguna ocasión el propio Juan llegó a contarme que Ramón mantenía abierto el negocio, si es que podía calificársele así, más por tradición o por pasar el rato con sus parroquianos, que por otra cosa, porque en realidad no lo necesitaba para vivir.

Llega un momento en que la vida se complica con su montón de sendas y hay algunas que dejas de transitar, y claro, el polvo del tiempo oculta nuestras huellas, pero con todo, los amigos distantes y los antiguos lugares de encuentro como “La Oficina”, pervivirán por siempre en nuestro corazón, aunque su demolición haya supuesto un durísimo golpe para el ocio y para la cultura.

He buscado opiniones al respecto en la prensa, y veo que si hay alguien que se manifiesta realmente enfadado con este flagrante atentado cultural, ha sido D. Antonio Cubillo Ferreira, que, como suele ser habitual en él, define con gran lujo de datos y detalles, los avatares de su historia y a los personajes que la frecuentaron. Lo dicho; como siempre, explica y culturiza.



Hoy siento el desconsuelo y la pena de no poder mostrarle a mi hija, que ya comienza a frecuentar la ciudad universitaria, ese trozo de historia que flotaba, nostálgico, entre el vapor y el humo del vino y del tabaco, en el aroma a maderas antiguas, a quesos, a embutidos. Y aunque ya hayan pensado, como parece, en contratar a algún resucitador al uso, por mucho empeño que le pongan, aunque rescriban los poemas en las nuevas paredes, coloquen las mismas barricas, la antigua barra y las vetustas alacenas, ya nunca volverá a ser lo mismo, porque los espíritus que habitaban sus muros han tenido que huir apresuradamente… y nadie sabe a donde.

"Requiescat In Pace"

Miguel Ángel G. Yanes

3/9/09

DEL GRIEGO "PIROS" (FUEGO)

Hay, como poco, un pirómano-a, en la zona de Cruz del Señor-Barrio del Perú en Santa Cru de Tenerife.


En la última noche han ardido varios contenedores de basura (y no es la primera vez), principalmente los azules que, por contener papel, arden con mayor facilidad. Algunos pudieron ser apagados a tiempo, pero otros se convirtieron literalmente en cenizas.

El peligro manifiesto de que el fuego se propague a las viviendas, viene acrecentado por la posibilidad de que ardan los vehículos cercanos a dichos contenedores, con la posible explosión de los depósitos de combustible, lo que podría acarrear una tragedia de gran magnitud, amén de la propia destrucción de los vehículos, con lo que ello conlleva para nuestra precaria economía.


No sé si será mucho pedir que la policía (municipal o nacional -igual me da-) acreciente su vigilancia por la zona, a fin de localizar a este-a-os-as enfermos, maníacos del fuego.

Quiero puntualizar que implico a ambos sexos, habida cuenta de una peculiar anécdota que me ocurrió hace años: “Alguien quemaba los botones del ascensor en el edificio donde vivo”. Lógico era pensar que el culpable tenía que ser un fumador, pero hete aquí que no sólo se usan encendedores para prender cigarros o cigarrillos, también se utilizan para encender petardos, para quemar aviones de papel antes de lanzarlos desde el balcón, para alumbrar en los conciertos, para hacerle la puñeta al prójimo… Y éste era uno de esos casos.

Cierto día, al acceder a la cabina del ascensor, tropecé con dos jovencitas que salían de él. Unas risitas nerviosas me hicieron sospechar que algo inusual ocurría. En efecto, los pulsadores, a medio derretir, todavía estaban calientes.

Así que, en aras de la igualdad, habrá que buscar pirómano-a-os-as, que “tanto queman, queman tanto”.

Miguel Ángel G. Yanes